Apenas llevaban un lustro existiendo oficialmente como banda y Full of Hell ya habían publicado tres discos. Dos propios en 2011 y 2013 y uno conjunto mano a mano con el proyecto noise japonés Merzbow en 2014. Así sentaban las bases de cómo entienden ellos la música y la vida: a tope. La propuesta metal de los de Pensilvania, no apta para pusilánimes, siempre es de máximos tanto en forma como en fondo. Cuando la turbina grindcore de Full of Hell funciona a pleno rendimiento, reduciendo el noise, el hardcore, el death metal y la música industrial a carne picada, el rock se convierte en una actividad de riesgo.
A primera vista, trabajos tan extremos como Trumpeting Ecstasy o Weeping Choir parecen tener tanto afán por el desmembramiento como el slasher más encarnizado, aunque Full of Hell han construido su carrera a base de unir partes. Como prueba, sus colaboraciones con los intrépidos HEALTH, los shoegazers Nothing o la atípica estrella del pop Nicole Dollanganger.





